En la habitación 349 se hospedaba un grupo de electricistas. Esa noche estaban consumiendo alcohol mientras manipulaban un arma de fuego calibre 9 milímetros, que la dispararon accidentalmente. Al oír el impacto en la pared, los hombres no escucharon gritos al otro lado, por lo que asumieron que la bala había quedado atascada o que no había pasado nada grave e intentaron ocultar el agujero sin llamar a emergencias. Gracias a la reconstrucción del detective privado, el responsable del disparo fue identificado y procesado por homicidio involuntario, recibiendo una condena de 10 años de prisión.
El "caso de la habitación 348" se convirtió en uno de los enigmas forenses más insólitos de la crónica criminal: una trágica suma de negligencia, mala fortuna y un disparo que parecía físicamente imposible de explicar.
Caso cerrado. Una verdad oculta tras una pared.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"La justicia debe decidir con pruebas, no con miedo"