La ciencia contra la coartada: el caso Laci Peterson y la marea que reveló la verdad
En la nochebuena de 2002, la desaparición de Laci Peterson, quien estaba embarazada de 8 meses, conmocionó a Estados Unidos.
Sin testigos directos y sin una causa de muerte clara debido al estado en el que fueron hallados los cuerpos, meses después, la fiscalía tuvo que recurrir a disciplinas científicas muy específicas para lograr una condena.
Las claves forenses del caso.
Oceanografía forense: los expertos analizaron las corrientes y mareas de la bahía de San Francisco. Demostraron que el lugar donde aparecieron los cuerpos en abril de 2003 era perfectamente congruente con el punto exacto donde su esposo, Scott Peterson, afirmó haber ido a pesar el día de la desaparición, argumentando que una fuerte marejada invernal arrastró los restos hacia la costa.
Desarrollo fetal post-mortem.
La defensa intentó sugerir que Laci fue secuestrada y dio a luz antes de perder la vida. Sin embargo, los peritos médicos determinaron científicamente que el bebé (Conner) no llegó a término y falleció al mismo tiempo que su madre, derrumbando por completo esa teoría.
Evidencia circunstancial.
A falta de un arma homicida o testigos, el caso se construyó analizando la conducta: el comportamiento evasivo de Scott, sus múltiples mentiras, su intento de fuga hacia la frontera con México (con cabello teñido y dinero en efectivo), y un solo cabello de Laci encontrado en unas pinzas dentro de su bote.
El estatus legal actual.
Scott Peterson fue condenado en 2004 por asesinato en primer y segundo grado. Aunque su pena de muerte fue anulada en 2020 (reducida a cadena perpetua), el caso dio un giro: el Proyecto Inocencia de Los Ángeles busca reabrir el expediente, alegando que existen nuevas pruebas que podrían apuntar a su exoneración.
Este caso es el ejemplo histórico de una condena basada, casi en su totalidad, en evidencia circunstancial y ciencia indirecta.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"La vida está escrita con letra de médico"