La contradicción del sistema aparecía incluso en sus propias reglas.
Beccaria señalaba que algunas legislaciones no consideraban suficiente la confesión obtenida durante la tortura y exigían que el acusado la confirmara posteriormente. Pero si luego se retractaba, podía ser nuevamente torturado.
El propio sistema reconocía así indirectamente que aquello dicho bajo tormento no era necesariamente confiable. Sin embargo, intentaba solucionar ese defecto mediante nuevos tormentos. El resultado era absurdo: la persona fuerte podía resistir y ser absuelta; la débil podía ceder al dolor, confirmar la confesión y terminar condenada.
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La frase de la
"Las oportunidades son de quienes saben aprovecharlas"