París, 1944. Bajo la ocupación Nazi.
En el número 21 de la calle Le Sueur, los vecinos se quejaban de un humo negro y un olor insoportable que salía de la chimenea. Pensaban que quemaban basura, pero la policía descubrió que cremaban personas.
El modus operandi: la trampa de la esperanza.
El Dr. Marcel Petiot se hacía pasar por miembro de la Resistencia. Buscaba a judíos y perseguidos desesperados por huir, a quienes les prometía un pasaje seguro para Argentina a cambio de toda su fortuna.
Las víctimas llegaban a su consultorio con joyas y dinero cosidos en la ropa. Petiot les decía que, para viajar, necesitaban una vacuna, pero lo que les inyectaba era cianuro.
La casa de los horrores.
Petiot tenía una mirilla en la pared para verlos agonizar porque disfrutaba eso. Luego, llevaba los cuerpos al sótano para descuartizarlos y disolverlos en cal viva. Cuando la cal se acabó, empezó a quemarlos en la estufa.
Finalmente fue guillotinado en 1946. Se le atribuyen más de 60 muertes, aunque se encontraron restos de 24.
Sus últimas palabras fueron puro ego: "Caballeros, les ruego que no miren. No va a ser bonito"
Reflexión: la guerra saca lo mejor de algunos héroes, pero también ofrece el escondite perfecto a los peores monstruos.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"No puedes esconder el humo si encendiste el fuego" | Proverbio africano
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