Porque hasta el poder más brutal necesita algo más que la fuerza. Necesita parecer legal.
Hay una idea incómoda que la historia nos obliga a recordar: el poder no siempre necesita destruir el derecho, a veces le alcanza con utilizarlo.
Muchas de las mayores injusticias de la humanidad tuvieron leyes, decretos, expedientes, tribunales y profesionales dispuestos a darles apariencia de legalidad. Por eso, ejercer la abogacía exige algo más que conocer las normas: exige preguntarnos qué estamos haciendo con ellas. Porque la legalidad y la justicia no son necesariamente sinónimos. Y porque, al final, el poder necesita abogados. La justicia, también.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"Lo que no se resuelve en la mente, se refleja en la vida" | Carl Jung
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