Un profesor de psicología social de la Universidad de Stanford, llamado Philip Zimbardo, quiso realizar un experimento en donde simuló una prisión en las instalaciones de una institución universitaria. El experimento consistía en reclutar a estudiantes mediante un aviso en los periódicos y ofreciendo a su vez, 15 dólares diarios. Una vez hecha la selección, se nombró a quienes serían guardias de seguridad y luego a los prisioneros.
Al inicio, todo era inofensivo. Se simuló una detención inesperada y se continuó con el encarcelamiento. Se siguió todo el proceso que normalmente se sigue con un individuo real. Pasadas unas horas, los guardias comenzaron a mostrar conductas abusivas que al poco tiempo, se convirtieron en sádicas.
Por otro lado, los presos, en su rol de personas con desventajas tardaron en interiorizarlo y rebelarse frente las conductas de los guardias. Este famoso experimento llegó a niveles tan intensos por ambas partes, que debió suspenderse luego de 7 días de haber iniciado.
Zimbardo buscaba estudiar la vulnerabilidad humana hacia el lado oscuro y analizar hasta qué punto un ser humano "bueno" es capaz de dañar a otro por seguir órdenes. Destacaba que esto termina siendo un factor social, ya que con ello una persona puede convertirse en violenta sin haber tenido antecedentes hostiles. Además, indicaba cómo la naturaleza humana no está totalmente bajo el control de lo que nos gusta pensar como "libre albedrío", sino que la mayoría de nosotros podemos ser seducidos para comportarnos de una manera totalmente atípica con respecto a lo que creemos que somos.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"No recites poemas a quien no es poeta"
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