Se conoce de esta manera al Tribunal creado por la Iglesia Católica Apostólica Romana dedicado a la persecución sistemática y al castigo de los llamados herejes y disidentes religiosos. A partir de 1542, a expensas del Papa Paulo III, también se lo dio en llamar Santo Oficio.
El historiador J. Guiraud la define como: “sistema de medidas represivas, unas de orden espiritual y otras de orden temporal, promulgadas simultáneamente por el poder civil y el poder eclesiástico en defensa de la ortodoxia religiosa y del orden social, igualmente amenazados por las doctrinas teológicosociales de la herejía”.
Su fundación tuvo lugar durante la Edad Media, durante el Sínodo de Toulouse (Tolosa) de 1229. El documento emitido entonces expresaba: “En cada parroquia de la ciudad y fuera de ella los obispos designaron a un sacerdote y a dos o tres laicos, o más si es necesario, de reputación Intacta, que se comprometan por Juramento a buscar asidua y fielmente a los herejes que vivan en la parroquia. Visitarán minuciosamente las casas sospechosas, las habitaciones y cuevas y lugares más disimulados, que deberán ser destruidos si descubren herejes o personas que prestan apoyo o favor, asilo o protección a los herejes, tomarán medidas para impedir que huyan y los denunciarán lo antes posible al obispo y al señor del lugar o a su lugarteniente. Los señores temporales harán buscar con cuidado a los herejes en las aldeas, las casas y los bosques donde se reúnen y harán destruir sus cobijos”.
Pero no fue hasta el siglo XV que efectivamente comenzó a funcionar con más presencia y movilizada no sólo por un espíritu religioso sino también por intereses políticos. En España fue instalada en 1478 y tuvo por objeto además de los ya expuestos, contribuir a la unidad española de los recientemente casados Fernando e Isabel (los Reyes Católicos).
Fuente digital de la información:
La frase del día
"La misma agua que ablanda la papa, también endurece el huevo"
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