El 16 de septiembre de 2010, en el hotel Elegante de Beaumont, Texas, hallaron sin vida a Greg Fleniken, un ejecutivo petrolero de 55 años. Estaba tendido boca abajo en el suelo de su habitación, la 348, con un cigarrillo entre los dedos. A simple vista, nada parecía fuera de lugar. La puerta estaba cerrada con llave por dentro, sus pertenencias y dinero intactos, y no había signos de forcejeo ni heridas externas sangrientas. La policía local asumió inicialmente que se trataba de una muerte por causas naturales. Sin embargo, la autopsia arrojó un resultado desconcertante: Greg tenía graves laceraciones internas en el estómago, los intestinos y el corazón, como si hubiese sufrido un aplastamiento o una golpiza brutal, pero por fuera su piel estaba intacta. La causa oficial pasó a ser homicidio.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"La justicia debe decidir con pruebas, no con miedo"
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