Algunas decisiones deben evaluarse por sus consecuencias. Otras, por los principios que violan aunque produzcan un buen resultado. Lo sensato es mirar ambas cosas.
Una acción puede generar beneficios inmediatos y, aun así, deteriorar una norma importante. También puede respetar una regla formal y causar un daño evitable.
5.- Pregúntate si podrías defender tu decisión públicamente.
Esta pregunta no debe confundirse con buscar aprobación social. Se trata de transparencia moral. ¿Podrías explicar tu decisión sin esconder datos relevantes? ¿Te parecería aceptable si otra persona actuara igual contigo?
Si la respuesta es no, quizá el razonamiento tiene puntos débiles.
6.- Busca alternativas menos dañinas.
Muchos dilemas se plantean como una elección binaria, pero la vida real rara vez lo es. Antes de elegir entre A y B, conviene preguntar si existe una opción C: negociar, aplazar, consultar, pedir más información, reducir daños o repartir costes de forma más justa.
La ética práctica no consiste solo en elegir entre males, sino en intentar rediseñar la situación para que el daño sea menor.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"Un árbol se conoce por sus frutos"