Una crítica fundamental a uno de los métodos más crueles de averiguación de la verdad utilizados históricamente en el proceso penal: la tortura.
La tortura como problema penal.
Beccaria dedica un capítulo específico a cuestionar una práctica profundamente arraigada en los procesos penales de su época: la tortura del acusado durante el proceso. Se utilizaba para obtener confesiones, explicar contradicciones, descubrir cómplices, “purgar” la infamia o incluso investigar otros delitos distintos de aquel por el cual la persona estaba siendo juzgada.
Su crítica no se limita a señalar la crueldad del tormento. El problema es más profundo: la tortura destruye la lógica misma del proceso porque pretende castigar antes de saber si quien sufre es realmente culpable.
Tortura y culpabilidad.
Para Beccaria, una persona no puede ser considerada culpable antes de la sentencia. Por eso plantea un dilema contundente: si el delito está probado, la tortura resulta innecesaria; si todavía no lo está, se está sometiendo al tormento a una persona cuya culpabilidad aún no ha sido establecida.
Una crítica formulada en el siglo XVIII que anticipó principios fundamentales del proceso penal moderno y cuestionó profundamente la utilización del tormento como método de prueba.
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La frase del día
"El hombre que espera el momento perfecto para disparar, morirá con el cargador lleno"