En 1991, un compañero de celda condenado por pedofilia comenzó a alardear ante Maslich de sus crímenes. Maslich lo reprendió y le advirtió que él eliminaba a “los suyos”. Días después, la discusión escaló. Lo estranguló con una sábana. El pedófilo murió por asfixia y Maslich dejó el cuerpo sobre la cama.
Con la intención de ser trasladado al Centro Científico Serbsky de Psiquiatría Social y Forense de Moscú, Maslich afiló contra el suelo una varilla que tenía en la celda. Abrió el abdomen del cadáver de su compañero, metió la mano y le arrancó un órgano. Lo hirvió en una taza.
No se lo comió. Solo fingió la antropofagia para obtener lo que él llamaba su “ticket” al complejo psiquiátrico de Moscú.
El Centro Serbsky tenía, entre los presos soviéticos y postsoviéticos, una reputación particular. Fundado en 1921, había sido durante décadas el instrumento con el que el Estado declaraba “enfermos mentales” a disidentes políticos para internarlos sin juicio.
El plan inicial era atacar un cuarto recluso que fuera colocado en su celda, generar un incidente lo suficientemente grave como para justificar una evaluación psiquiátrica.
En el imaginario carcelario de los años 90, ser enviado allí equivalía a escapar temporalmente del sistema penitenciario ordinario. Los presos más experimentados lo consideraban una especie de “resort” desde donde sería más fácil escapar o, al menos, conseguir condiciones menos brutales.
El plan falló. Los peritos lo declararon cuerdo. Por ese primer crimen intramuros, Maslich recibió 12 años adicionales de prisión y la calificación de reincidente peligroso.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"Antes de la muerte, toda derrota es psicológica"
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Su comentario será respondido a la brevedad.