En términos sociales, se refiere cuando una persona o institución negocia con el mal —en este caso, el crimen organizado— creyendo que podrá controlarlo, limitarlo o beneficiarse de él sin consecuencias. Pero con el tiempo, ese mismo acuerdo los consume.
Durante años, hemos visto cómo ciertos sectores pactan con criminales para lograr objetivos personales, institucionales o económicos:
— Policías que "acuerdan" con cárteles para evitar enfrentamientos.
— Funcionarios que toleran a grupos criminales a cambio de "control territorial".
— Empresarios que pagan cuotas de extorsión para "mantener la paz".
— Ciudadanos que "resuelven" sus problemas recurriendo a intermediarios fuera de la ley.
Todos ellos, sin saberlo, firman un pacto faústico: sacrifican la legalidad, la ética y la paz a cambio de una aparente solución rápida. Pero ese acuerdo fortalece el crimen y debilita el tejido social.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"Si hay humo, hay fuego"
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