Beccaria reduce el problema a un razonamiento muy simple. O el delito es cierto o es incierto. Si el delito ya está probado, la tortura resulta inútil: corresponde aplicar únicamente la pena prevista por la ley y no hace falta obtener una confesión mediante tormentos. Si el delito todavía es incierto, tampoco puede torturarse, porque jurídicamente se está haciendo sufrir a una persona cuya culpabilidad aún no ha sido demostrada. En cualquiera de las dos hipótesis, la tortura carece de justificación. O es innecesaria o recae sobre quien todavía debe ser considerado inocente.
Fuente digital de la información:
La frase del día
"El hombre es un lobo para el hombre" • Thomas Hobbes
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